Philosophica
Enciclopedia filosófica  on line

Abraham Harold Maslow

Autor: Juan Andrés Mercado Montes

Abraham Harold Maslow sigue siendo una de las voces más influyentes en el panorama de la psicología contemporánea. Su propuesta maduró en un ambiente de intercambio no solamente con psicólogos clínicos y teóricos, sino con académicos de diversas ciencias, hombres de empresa, entidades públicas que promovían importantes programas de investigación con finalidades prácticas, etc.

Índice

1. Biografía

1.1. Hasta los estudios universitarios

1.2. La vuelta a Nueva York. Contacto con intelectuales europeos

1.3. Motivation and Personality

1.4. Las iniciativas para el cambio social y la consultoría extra académica

1.5. Organizaciones eupsíquicas

1.6. Renuncia a la Universidad y últimos escritos

2. El pensamiento de Maslow

2.1. Líneas generales de la antropología maslowiana

2.1.1. Las aspiraciones más altas y su carácter natural

2.1.2. Dar lugar a la visión humanista en el ámbito científico

2.1.3. Necesidades y motivaciones

2.1.4. ¿Por qué estudiar ciertas motivaciones y no otras?

2.1.5. Motivación y persona

2.1.6. Gratificación y permanente insatisfacción

2.1.7. El eterno dilema entre Dionisos y Apolo

2.1.8. Amor desinteresado

2.1.9. Transhumanismo

2.2. La jerarquía de las motivaciones

2.2.1. Las necesidades fisiológicas

2.2.2. Las necesidades de seguridad

2.2.3. El amor y el sentido de pertenencia

2.2.4. Las necesidades relacionadas con la estima

2.2.5. Inconformismo

2.2.6. Precondiciones de las necesidades básicas

2.2.7. Necesidades cognitivas básicas

2.2.8. Necesidades estéticas

2.2.9. Excepciones a la jerarquía

2.3. Las personas que se autorrealizan

2.3.1. Una mejor percepción de la realidad

2.3.2. Aceptación de sí mismas

2.3.3. Espontaneidad

2.3.4. Se centran en los problemas (son problem centered)

2.3.5. Distanciamiento

2.3.6. Autonomía, autosuficiencia

2.3.7. Apreciación precisa de la realidad

2.3.8. Experiencias cumbre

2.3.9. Afinidad humana

2.3.10. Humildes y respetuosas: “democráticas”

2.3.11. Relaciones interpersonales

2.3.12. Estándares éticos y valores definidos

2.3.13. Sentido del humor

2.3.14. Creatividad

2.3.15. Resistencia a la inculturación

2.3.16. Imperfecciones

2.3.17. Solución de dicotomías

2.4. Indicaciones para una valoración general

3. Bibliografía

3.1. Obras de Maslow

3.2. Obras citadas

1. Biografía

Este esbozo biográfico se basa sobre todo en la obra Abraham Maslow. Vida y enseñanzas del creador de la psicología humanista, escrita por Edward Hoffman (título original: The Right to Be Human. A Biography of Abraham Maslow). En las referencias textuales se indican en primer lugar las páginas de la edición española, y entre paréntesis las del original inglés. Las referencias textuales han sido comparadas con el original inglés y retocadas en varios casos.

1.1. Hasta los estudios universitarios

Abraham Harold Maslow nació en Nueva York el 1 de abril 1908. Sus padres eran judíos ucranianos que se trasladaron en la adolescencia a los Estados Unidos. Los Maslow tuvieron seis hijos más. Rose, la madre, era una creyente practicante, pero de una dureza de carácter notable. Abraham guardó un recuerdo amargo de infancia. Sus juicios sobre su madre son marcadamente negativos. En 1960, afirmaba «fui un niño tremendamente infeliz... Mi familia era desgraciada y mi madre era una criatura horrible... Crecí sin amigos, entre libros y bibliotecas» [Hoffman 2009: 19 (1)].

El rechazo de todo lo que hiciera referencia a su madre coincidió con una consideración negativa de la religiosidad. Consideró siempre las prácticas religiosas como una combinación de superstición con hipocresía, pues de ellas no se seguían consecuencias coherentes para la vida diaria [Hoffman 2009: 20-26; 29; 39 (2-9; 11; 20)].

Durante la escuela secundaria se aficionó a la lectura y fue adquiriendo los rasgos del intelectual democrático socialista, comprometido en la construcción de un mundo mejor [Hoffman 2009: 34 (15)].

En 1925 ingresó en el City College, de Nueva York. En 1926 entró en la Brooklyn School of Law, pero se desilusionó rápidamente del tipo de enseñanza y se trasladó a Ithaca para estudiar en Cornell. Ahí frecuentó un curso de Edward B. Titchener (1867-1927), el primer psicólogo de renombre con quien tuvo contacto. Titchener era británico y discípulo de Wilhelm Wundt; había sostenido arduas polémicas con William James en los años noventa del siglo XIX y parecía haberse estancado en esas discusiones [Hoffman 2009: 45-46 (26-27). Con numerosas referencias a los diarios de Maslow]. Tras el semestre en Ithaca retomó los estudios en el City College para terminar el bachillerato. En 1928 se inscribió en la Facultad de Psicología de la Universidad de Wisconsin (Madison), y pocos meses después se casó con su prima Bertha.

La Universidad de Wisconsin era conocida por su espíritu innovador. Los laboratorios tenían un marcado carácter conductista, pero también había ecos de las propuestas europeas. Ahí tuvo noticias indirectas sobre la teoría de la Gestalt, el psicoanálisis, el estructuralismo y el funcionalismo, con una perspectiva más filosófica que psicológica. Del conductismo le había atraído la idea de que la investigación psicológica debía proponer programas de mejora social.

Uno de los profesores que más influyeron en su desarrollo intelectual fue Ralph Linton (1893-1953) cuyas ideas lo convencieron de la necesidad de combinar el estudio social del hombre con la psicología.

Harry Harlow (1905-1981) era un joven profesor que ya destacaba por sus estudios comparativos entre los primates y los seres humanos, sobre todo a nivel neurológico. Abraham fue el primer doctorando de un programa que duraría decenios, en el cual la atención se centraba en el desarrollo de la conducta de los primates a partir de las primeras experiencias de atención y afecto, o la carencia de ellas.

Las primeras publicaciones científicas de Maslow pertenecen a este periodo y tratan de las preferencias alimenticias en los primates. Para terminar su doctorado solicitó la admisión en Yale, bajo la guía de Robert Yerkes (1876-1956), conocido como “monkey man” por sus investigaciones sobre los simios[1].

También corresponde al periodo 1932-1933 su lectura directa de La interpretación de los sueños, de Freud, y su estudio de Adler. Abraham descubrió una correlación entre la importancia de la impulsividad sexual, preconizada por Freud, y la tendencia al poder y el dominio, sostenida por Adler: sus estudios sobre las preferencias alimentarias de los póngidos, asociadas a las reacciones violentas y sexualmente agresivas que había observado, podían ser un punto de encuentro importante entre las dos teorías que se presentaban como incompatibles.

Ante las dificultades para encontrar un trabajo se inscribió en la escuela de medicina de la Universidad de Wisconsin en septiembre de 1934. Aunque obtuvo buenos resultados en anatomía, el ambiente técnico y la falta de atención a los aspectos humanos de los enfermos le desilusionó grandemente. En 1956 describió con mucha viveza sus recuerdos de ese periodo en una conferencia titulada “The Taboo of Tenderness: the Disease of Valuelessness” [Hoffman 2009: 88-89]. Abandonó el programa al final del primer curso.

1.2. La vuelta a Nueva York. Contacto con intelectuales europeos

En 1935 conoció a Edward L. Thorndike (1874-1949), de la Universidad de Columbia. Thorndike se interesó por el trabajo de Maslow y le ofreció un puesto para una investigación posdoctoral en el programa “Human Nature and the Social Order”, patrocinado por la Carnegie Foundation y desarrollado en el Institute for Educational Research[2]. Thorndike siguió apoyando el trabajo de Maslow a pesar de una seria crítica que el joven investigador le había hecho a todo el planteamiento, al considerarlo un intento de implantación de disciplina social de tipo ingenieril, y con un marcado acento determinista [Hoffman 2009: 93-94; 103; 108 (72-73; 81; 85)].

Abraham aprovechó la oportunidad que se le ofreció para enfocar sus estudios sobre la sexualidad y el dominio en los seres humanos. Además de las correlaciones entre las preferencias sexuales y sus consecuencias para la vida de la pareja, Maslow constató un fenómeno que puede parecer superficial: entre las mujeres que respondían a su cuestionario abundaban las más promiscuas. Era claro que las conclusiones de su trabajo no hacían justicia a la realidad social, pues quienes voluntariamente respondían no se encontraban dentro de los parámetros más frecuentes. La experiencia de los límites de la investigación con preguntas directas a los sujetos estudiados le ayudó a mantener siempre la atención a la complementariedad de las metodologías, para evitar el desequilibrio entre los resultados objetivos y las evaluaciones subjetivas.

En 1937 empezó a trabajar en el Brooklyn College, de Nueva York, donde trabajará hasta 1951. Nueva York se había convertido en un centro de atracción de intelectuales y científicos europeos, muchos de ellos hebreos, que huían del régimen nazista. Maslow tuvo contacto directo con Alfred Adler (Vienna, 1870-Aberdeen, 1937), Erich Fromm (Frankfurt, 1900-Muralto, Suiza, 1980), Karen Horney (Hamburgo, 1885-Nueva York 1952), Kurt Goldstein (Katowice, Polonia 1878-Nueva York 1965), Max Wertheimer (Praga 1880-Nueva York 1943) y Kurt Koffka (Berlín, 1886-Northampton, Massachusetts, 1941), la crema de la psicología centroeuropea[3].

El contacto con los estudiosos de antropología cultural de Columbia —Margaret Mead (1901-1978), el ya mencionado Ralph Linton, y especialmente Ruth Benedict (1887-1948)— lo condujo a participar en un estudio de campo sobre las costumbres de los indios Blackfoot, del sur de Canadá. Ahí descubrió que a pesar de las grandes diferencias en los patrones de comportamiento social, la consideración positiva de ciertas actitudes y la reprobación de otras, es bastante homogénea en los distintos ambientes [Hoffman 2009: 139-156 (111-128)].

Su interés permanente por la sexualidad humana empezó a centrarse cada vez más en los temas familiares, muy probablemente por su misma evolución como padre y esposo. Se distanció del conductismo de Watson, el cual le parecía cada vez más reduccionista y menos adecuado para explicar la riqueza de la vida humana [Hoffman 2009: 164-168 (136-139)]. También empezó a incorporar en sus cursos ideas sobre la convivencia familiar [Hoffman 2009: 164-165; 176-177 (136; 147)].

En 1941, Maslow publicó en coautoría con Bela Mittelmann Principles of Abnormal Psychology, fruto en buena medida el fruto de sus cursos de los años anteriores. El libro incluía un capítulo sobre la personalidad sana o normal. Un parágrafo de ese capítulo era “La personalidad ideal y los objetivos” (“The Ideal Personality and Goals”). Ahí se aborda ya la cuestión de las necesidades psicológicas (confort, gratificación, autoestima, seguridad, amor) [Maslow – Mittelman 1941: 12] de manera similar a como serán expuestas en Motivation and Personality, 13 años más tarde, es decir, la célebre “pirámide de Maslow” [Maslow – Mittelman 1941: 14-15].

En el manual se plantea la relación entre salud y normalidad, y su relación con la frecuencia de los casos que se consideran anormales. Se plantea también la cuestión del grado en que se presentan algunas disfunciones, dependiendo del ambiente o de eventuales situaciones extraordinarias. El sujeto puede encontrarse en una situación “ajustada” porque no ha enfrentado situaciones especialmente exigentes [Maslow – Mittelman 1941: 15-20; Hoffman 2009: 170-176 (142-147)]. Por otra parte, estas observaciones eran algunos de los primeros frutos de sus esfuerzos por encuadrar en un marco de estudio las personalidades excepcionales [Frick 1971; Hoffman 2009: 181 (152)].

Entre 1943-1944 publicó publicó dos estudios que más tarde serían refundidos en Motivation and Personality: “A Preface to Motivation Theory” (Psychosomatic Medicine, 5, 85-92) y “A Theory of Human Motivation” (Psychological Review, 50, 370-296). Aunque sus ideas sobre la autorrealización (self-realization) —inspiradas en el planteamiento general de Goldstein [Hoffman 2009: 133-137 (106-110)]— están expresadas muy brevemente en el segundo de estos artículos, las nociones clave sobre la jerarquía de las necesidades están ya bien perfiladas [Hoffman 2009: 183-185 (154-155)].

Por problemas de salud, en el periodo 1946-47 se trasladó a California y se ocupó de la gestión de una de las distribuidoras del negocio familiar. Ahí escribió una recopilación de perfiles biográficos de personajes que, en su opinión, habían plasmado el ideal de las personas que se autorrealizan, y también compuso el célebre artículo “Higher and Lower Needs”, publicado meses más tarde en el Journal of Psychology (v. 25, 1948). Maslow afirma que hay necesidades fundamentales de los organismos que nadie puede ignorar o substituir con esquemas preconcebidos. Insiste además en que la ignorancia de esos requerimientos conlleva el riesgo de no atender al sano desarrollo de los seres humanos y a imponer arbitrariamente un especie de sobrenaturalismo o un relativismo ético [Maslow 1948; Hoffman 2009: 212; 215 (181; 183-184)].

Durante los últimos meses de su periodo de baja tuvo varias intervenciones importantes, cada vez más centradas en sus intereses personales. En una conferencia dictada en Cornell en el mes de marzo afirmaba:

La psicología de 1949 es una psicología de mutilados y enfermos [...]. Gran parte de la estructura teórica de la psicología actual se basa, en mi opinión, en el estudio de las dimensiones inferiores del ser humano, del hombre en las situaciones peores y más apremiantes, del hombre que se tambalea bajo el peso de la amenaza y de la frustración.

¿Cómo podemos, en tales circunstancias, descubrir capacidades superiores a las del [...] neurótico? Todo esto me recuerda el comentario de Wolfgang Kohler, cofundador de la Gestalt, sobre el laberinto [...] como instrumento para medir la inteligencia. Según dijo, “Ni el mayor de los genios podría, dentro de un laberinto, demostrar su inteligencia” [Hoffman 2009: 218 (186). Véase el apartado 2.1.1 más adelante].

En 1950 publicó “Self-actualizing People: A Study of Psychological Health”, que será la base del capítulo 11 de Motivation and Personality. El artículo suscitó reacciones entusiastas, como la de Carl Rogers (1902-1987), quien por esas mismas fechas estaba desarrollando los primeros centros de consultoría, y en 1942 había publicado Counseling and Psychotherapy. Con la buena acogida del artículo empezaron también los distanciamientos de algunos psicólogos y psicoterapeutas que no veían con buenos ojos una propuesta que iba más allá de las conclusiones ligadas a los métodos cuantitativos, o que no ponía el énfasis en la enfermedad y en el reajuste de las personas con problemas psicológicos [Hoffman 2009: 220-221 (188-189)].

1.3. Motivation and Personality

En la primavera de 1951, Maslow aceptó un contrato en la recientemente fundada Brandeis University, en Boston. Ahí puso en marcha un plan de estudios de psicología dentro de la División de Ciencias Sociales en Boston [Hoffman 2009: 233-251 (199-216)]. Además de dirigir el departamento de psicología, creó el primer departamento universitario de counseling (1952), confiándolo a Eugenia Hanfmann (San Petersburgo 1905-Waltham, Mass. 1983), quien había estudiado psicología en Jena y trabajado en el círculo de Koffka, Köhler y Kurt Lewin.

A partir de una colaboración con Ricardo Morant surgió Motivation and Personality. Los dos psicólogos de Brandeis empezaron a trabajar en 1953 en un texto para estudiantes de primer año, en el cual intentarían poner al día los grandes temas de Principles of Psychology, de William James (1890). La primera parte del libro es una refundición de sus escritos de la década anterior sobre la jerarquía de las necesidades y la autorrealización, en los que definió más claramente sus ideas sobre el amor, las capacidades cognoscitivas y la motivación. Varios de los capítulos siguientes eran bastante novedosos (“Normality, health and values”, “Toward a positive psychology”, que fue excluido de la edición de 1970).

El libro empezó a permear distintos ambientes con gran rapidez. Su tono positivo y optimista, tan en sintonía con el espíritu estadounidense, lo hacía presentarse sin complejos ante el pesimismo freudiano y el determinismo de otras propuestas, como el conductismo, o el conceder excesiva importancia al peso de la historia, en el caso de Erikson. Tanto el estilo como los temas resultaban asequibles a un público amplio, y tocaban fibras sensibles tanto de artistas como de hombres de negocios.

El libro asimila ideas de autores asiáticos, como J. Krishnamurti (1895-1986), del teólogo inglés Alan Watts (1915-1973), difusor del budismo zen, y las primeras traducciones al inglés del psicólogo suizo Carl Jung (1875-1961). Más adelante asoció estos descubrimientos al yoga, al ensimismamiento estético y al placer sexual intenso.

1.4. Las iniciativas para el cambio social y la consultoría extra académica

En 1955 empezó a colaborar con Pitirim Alexandrovich Sorokin (1889-1968), en el Center for Creative Altruism, que contaba con el apoyo económico del empresario Eli Lilly (1885-1977). En 1957 crearon un pequeño grupo —el Values Institute—, con sede en Boston [Hoffman 2009: 264-266 (227-228)].

Con Robert S. Hartman (Berlín 1910-Ciudad de México 1973) promovió la First Scientific Conference on Knowledge and Human Values (octubre 1957), en el MIT. En 1959 se publicó el volumen New Knowledge in Human Values. Además de cuidar la edición, Maslow escribió el estudio “Psychological data and human values”. Uno de los puntos centrales de este escrito es el equilibrio entre los factores biológicos y hereditarios y los condicionamientos sociales, es decir, el debate nature vs nurture [Hoffman 2009: 269-270 (232-233)].

A diez años de su periodo de descanso en California, Maslow decidió ir a Cuernavaca, México, donde pasó un periodo sabático de 14 meses a partir de principios de 1958.

Entre sus lecturas de ese periodo destacan algunas obras de Soren Kierkegaard, J.-P. Sartre y los grandes dramaturgos rusos. También ahí descubrió From Death Camp to Existentialism (publicado después como Man’s Search for Meaning), de Viktor Emil Frankl (Viena 1905-1997), otras obras de Fromm, Rollo May (1909-1994) y Alfred North Whitehead (Ramsgate, U.K. 1861-Massachusetts 1947). Con May y Frankl mantuvo relaciones duraderas [Hoffman 2009: 300 (256)].

1.5. Organizaciones eupsíquicas

En agosto de 1960, Maslow habló por primera vez de la eupsychia, o utopía realista, es decir, una sociedad en la cual la proporción de personas altruistas y creativas fuera superior a la media. Tales sujetos existen en todas las sociedades, pero si su porcentaje fuera muy alto en una de ellas, ¿cómo se organizarían?, ¿estructurarían una religión? Su creencia en la universalidad de ciertas conductas positivas le hacía afirmar que si esos parámetros no formaran parte de nuestra naturaleza, no podríamos calificar de criminal al régimen Nazi. En 1961 en el primer volumen del Journal of Humanistic Psychology publicó “Eupsychia–The Good Society”.

Siguiendo su preocupación por dar un estatuto científico a las características de este nuevo filón de la psicología, Maslow se concentró en este periodo en cómo encuadrar el núcleo de lo que él mismo llamaba la “B-psychology”. Esta psicología está compuesta por los Being-values (B-values: valores del ser o valores-B): verdad, belleza, justicia, bondad, totalidad (wholeness), perfección, singularidad (uniqueness), simplicidad, orden, vitalidad (aliveness), autosuficiencia, necesidad, completud (completion), riqueza, ausencia de esfuerzo, gozo y distinción entre dicotomía y trascendencia. Estos términos aparecían germinalmente en Motivation and Personality [Maslow 1991: 242-243 (202); Hoffman 2009: 308-309 (264).

El contacto con las grandes organizaciones había empezado unos años antes, y a partir de este momento será ininterrumpida. Así se explica la gran difusión de sus ideas en el ambiente empresarial, a través de la psicología de las organizaciones, que ha marcado la literatura de esos sectores durante decenios. Por sugerencia de su mecenas, leyó The Practice of Management, de P.F. Drucker y The Human Side of Enterprise (1960), de Douglas McGregor (1906-1964), que le impresionaron por su visión ética y democrática de la empresa [Hoffman 2009: 312-317 (267-269)].

En primavera de 1962 salió a la luz Toward a Psychology of Being. Se vendieron más de doscientas mil copias del libro en los primeros años. El lenguaje de la autorrealización, las experiencias cumbre y las perspectivas de crecimiento personal impregnaron el ambiente universitario y alimentaron el lenguaje de la llamada contracultura. La fuerza inspiradora transparece ya en las primeras líneas de la nota introductoria:

Cada época, a excepción de la nuestra, ha tenido su modelo, su ideal, pero todos ellos —el santo, el héroe, el caballero y el místico— se han visto sacrificados por nuestra cultura. Lo único que ahora nos queda es el sustituto pálido y dudoso del hombre bien ajustado y sin problemas. Quizás podamos utilizar pronto como modelo y principio rector al ser humano autorrealizado, es decir, al ser humano que está en camino del pleno desarrollo de todas sus potencialidades y cuya naturaleza interior no está doblegada, reprimida ni negada, sino que se manifiesta libremente [Hoffman 2009: 311 (266)].

A partir de sus apuntes en un trabajo de campo en las empresas californianas y de la asimilación de las sugerencias hechas por los empresarios involucrados, surgió en 1965 el volumen Eupsychian Management, que tarde será publicado como Maslow on Management.

Religions, Values and Peak Experiences fue publicado ese mismo año. Ahí, el psicólogo de Nueva York dio una versión refinada de su aproximación secular a los fenómenos espirituales y místicos, en continuidad con William James y en abierto diálogo con los representantes religiosos que lo habían interpelado en los últimos años. Su idea de los B-values debería mantenerse al margen de los disfraces de índole sobrenatural, como la creencia en una vida más allá de la muerte, un dios personal o un diseño divino del mundo.

En su conferencia “The Taboo of Tenderness: the Disease of Valuelessness” (1965) explicó su posición sobre la importancia de dar lugar en la práctica y en el laboratorio, a los aspectos humanos del sufrimiento y las expectativas humanas:

La pregunta básica sobre los valores es: ¿a qué tipo de visión aspiras? [...] ¿Qué tipo de persona quieres ver cuando te miras al espejo? [If you really look in the mirror, what kind of person do you want to be?] Pero esto no ocurre por casualidad, sino que es debido a un esfuerzo constante. Si tienes la imagen de ser un buen médico, por ejemplo, que trae niños al mundo [...], [esa profesión puede convertirse en] una experiencia sobrecogedora, en una experiencia auténticamente religiosa. Y eso significa trabajar arduamente. No resulta nada sencillo estudiar medicina. Pero si quieres ser bueno en lo tuyo, todo es igualmente duro [...]. Es como si te preguntaras en qué quieres convertirte. ¿Qué significa para ti la autorrealización? [Hoffman 2009: 333 (280)]

1.6. Renuncia a la Universidad y últimos escritos

La vuelta a Brandeis en 1967 lo obligó a hacer un balance de su situación. Su salud se resintió y en diciembre de ese año tuvo que ser hospitalizado por un problema cardíaco. Estuvo varias semanas en el hospital, y ahí descubrieron una vieja lesión debida seguramente a un infarto que no fue tratado como tal. A partir de ese momento, Maslow tomó conciencia de la gravedad de su situación y planteó un cambio radical en su ritmo de vida [Hoffman 2009: 358-359 (303-304)].

A finales del invierno retomó sus actividades académicas y sus proyectos de escritura. Su plan para explicar la psicología humanista desde la biología quedó recogido en el artículo “Toward a Humanistic Biology”, que sería publicado en agosto de 1969 en American Psychologist.

En diciembre de 1968 recibió una nueva propuesta para trasladarse definitivamente a California. La oferta venía nuevamente de un empresario, quien le ofrecía un salario generoso, gran libertad de movimiento y medios abundantes para promover la puesta por escrito de sus ideas [Hoffman 2009: 373-374; 378-379 (315-316; 320-321)]. Se trasladó ahí con Bertha poco tiempo después. Ahí pudo dar forma definitiva a una serie de escritos que se publicaron con el título general de The Farther Reaches of Human Nature, en 1971. Entre sus prioridades seguía la de extender sus ideas al ámbito político y social [Hoffman 2009: 382 (323)].

Falleció el 8 de junio de 1970 debido a un ataque cardiaco masivo, durante la sesión de ejercicio en la piscina de su casa.

2. El pensamiento de Maslow

En esta voz se reportan las ideas fundamentales del pensamiento de Maslow tal y como las presenta en Motivation and Personality, en su edición de 1970, porque permite aprovechar el Prefacio a esta edición para dar un cuadro general de la filosofía de la psicología maslowiana (2.1); exponer fielmente su jerarquía de las motivaciones (2.2) y enumerar las características de las personas que se autorrealizan (2.3). Ese breve texto de 1970 reviste un interés especial porque el Autor evalúa algunas de sus ideas a la luz de quince años de evolución personal y a críticas de distinto tipo. También explica por qué ha efectuado algunos cambios y ha renunciado a algunas posiciones, o por lo menos ha pasado a considerarlas menos importantes. Las citas textuales que se reportan aquí han sido comparadas con el original inglés y retocadas en varios casos.

Algunos pasajes de esta evaluación del Maslow maduro sirve para proponer un marco de referencia antes de presentar la célebre jerarquía de las motivaciones humanas —vulgarmente conocida como “la pirámide de Maslow”— y las características de las personas que se autorrealizan, que puede ser representada del siguiente modo (si la imagen es pequeña, clícala para agrandarla):

Pirámide de Maslow

2.1. Líneas generales de la antropología maslowiana

2.1.1. Las aspiraciones más altas y su carácter natural

Se puede tomar como premisa fundamental un famoso pasaje de ese Prefacio a Motivation and Personality:

La vida humana no podrá entenderse nunca si no se tienen en cuenta sus aspiraciones más elevadas. El crecimiento, la autorrealización, procurar la salud, buscar la identidad y la autonomía, anhelar la grandeza (y otras formas de expresar el esfuerzo de superación) se deben aceptar sin dudar como una tendencia humana ampliamente extendida y quizá universal [Maslow 1991: xix].

Este planteamiento, en el cual el estudio se enfoca también a la promoción de las actitudes positivas, supone que la naturaleza humana tiende a desarrollarse de manera instintoide, según el término acuñado por Maslow. Conectar la tendencia a la perfección con la dimensión instintiva le sirvió al psicólogo neoyorquino para enfatizar el carácter innato, natural o esencial de ese impulso humano [Maslow 1991: xv].

Por otra parte, Maslow subrayó siempre el carácter holístico de su propuesta, es decir, una aproximación no-atomista y atenta a evitar los excesos del método analítico, para entender mejor los organismos [Maslow 1991: xv-xvi].

2.1.2. Dar lugar a la visión humanista en el ámbito científico

Maslow apostó con decisión y constancia para introducir en la psicología científica los aspectos positivos de la personalidad. Es decir, no proclamar teorías filosóficas, sino aplicar o adaptar las metodologías experimentales a las cualidades humanas que muestran claras evidencias de hacer bien a los individuos y a la sociedad:

Dudando de la certeza de la honestidad, de la amabilidad, de la generosidad, del cariño, [muchos miembros de la comunidad científica] van más allá de un escepticismo razonable o de una negación de juicio, hasta alcanzar una hostilidad activa cuando se enfrentan con gente a la que desprecian como locos, “boy scouts”, anticuados, inocentes, o bienintencionados [...] Esta subcultura de la desesperación, esta actitud de “más corrosivo que tú”, esta contramoralidad en que el espíritu de depredación y desesperanza son reales y la buena voluntad no lo es, es contestada categóricamente por las psicologías humanísticas, y por la clase de datos preliminares presentados en este libro y en muchos de los escritos enumerados en la bibliografía. Mientras que es todavía muy necesario ser prudente al afirmar las precondiciones de “bondad” en la naturaleza humana [...] es ya posible rechazar rotundamente la desesperada creencia de que la naturaleza humana es, en último término y básicamente, depravada y mala [Maslow 1991: xvii].

Maslow comenta cómo estas líneas de su pensamiento, cuyos primeros esbozos son del periodo 1942-1943, fueron recibiendo complementos importantes en los años 50 y 60 por su contacto con el mundo de las organizaciones comerciales:

La lección que yo había aprendido de esto y de la consiguiente validación de otras áreas de la vida era ésta: cuando hablamos de las necesidades de los seres humanos, hablamos de la esencia de la vida. ¿Cómo podría yo haber pensado que esta esencia se sometiera a prueba en un laboratorio de animales o mediante una probeta? Es claro que se necesita una situación vital de todo el ser humano en su entorno social. Aquí es donde viene la ratificación o la disconformidad [Maslow 1991: xix; cfr. xxvi].

Ante el desencanto de quienes optan por el compromiso político —normalmente ayuno de información empírica— como única alternativa a la ciencia libre de valores, Maslow reaccionó vigorosamente. La consideraba una dicotomía infantil, afirmando que es mejor presentar información correcta que crear barreras ideológicas.

Creo posible demostrar que el celo normativo (hacer el bien, ayudar a la humanidad, mejorar el mundo) es bastante compatible con la objetividad científica. Incluso es concebible una ciencia mejor y más poderosa, con un campo de actuación más amplio del que ahora tiene, cuando intenta ser neutral en los valores (dejando que los valores sean afirmados arbitrariamente por los no científicos en la realidad) [Maslow 1991: xxxiii].

2.1.3. Necesidades y motivaciones

En el pensamiento de Maslow hay una clara coincidencia entre necesidades y motivaciones: nos movemos porque la vida es un dinamismo de satisfacción de requerimientos para seguir adelante. Obviamente, esas necesidades son muy variadas. El esfuerzo de Maslow para jerarquizar esa variedad es triple: primero, identificar y ordenar las necesidades; segundo, asociar ese ordenamiento a un concepto de crecimiento hacia la perfección, incluyendo las metanecesidades (estéticas, creativas, expresivas, de autotrascendencia...); tercero, reorientar el carácter prescriptivo y operativo de la psicología.

Esto último suponía un paso importante en la evolución de la psicología como ciencia. Dicha evolución estaba marcada por dos extremos, es decir, la aspiración a tener una ciencia descriptiva modelada sobre la falsilla de la física o de la biología (Weber-Fechner, von Helmholtz, Wundt), y las aplicaciones terapéuticas, dependientes de las intuiciones, la experiencia y las cualidades de los terapeutas, así como de sus prejuicios culturales y filosóficos (psicoanálisis). Además de la práctica terapéutica se había desarrollado en Estados Unidos una visión de estrategia educativa, marcadamente reductiva (conductismo). Por otro lado, la teoría de la Gestalt iba abriendo el horizonte, combinando una aproximación filosófica ligada al kantismo y a la fenomenología, con una visión más amplia de la biología. En ese terreno fueron redescubiertas nociones importantes ligadas al orden y la finalidad, así como una visión holística de los fenómenos, según se ha apuntado en distintos momentos en este trabajo.

Maslow asocia las exigencias biológicas y las psicológicas a una idea de crecimiento que admita evaluaciones y prescripciones, es decir, una ciencia donde no se escindan las descripciones de la dirección mejor o peor que puede tomar la vida humana. Así plantea una jerarquía de necesidades-aspiraciones-motivaciones y la defiende como instrumento de trabajo para una psicología más integrada. La vulgata de la pirámide de Maslow esconde el esfuerzo que se requiere para poner en ejecución un plan el cual se pueda formular coherentemente la relación entre las necesidades básicas y las necesidades más altas.

2.1.4. ¿Por qué estudiar ciertas motivaciones y no otras?

Maslow se plantea en tono polémico la elección del campo de estudio por parte de los especialistas de ciencias sociales. El Autor afirma que la jerarquía que presenta puede servir como un menú a la carta para escoger el terreno de estudio. Esto, obviamente, abre a la posibilidad de que cada estudioso escoja aquellas que considera más importantes o por las que siente una mayor afinidad incluso personal (es más o menos optimista o pesimista).

Desgraciadamente, asevera Maslow, ha habido siempre una clara tendencia a “valorar a la baja las motivaciones”, es decir, a acomodarse en el estudio de las necesidades inferiores:

se prefiere una motivación puramente materialista a una de tipo social o metamotivada, o a una mezcla de las tres. Es una especie de recelo algo paranoide, una forma de devaluar la naturaleza humana, que yo veo a menudo [...] Las necesidades inferiores se usan en demasía y las superiores, junto con las metanecesidades, están en franco desuso. En mi opinión esta tendencia se apoya más en una idea preconcebida que en un hecho empírico. A mí las necesidades y las metanecesidades me resultan más determinantes de lo que mis propios pacientes sospechan, y por supuesto mucho más de lo que los intelectuales de mi época se atreverían a admitir [Maslow 1991: xxi].

2.1.5. Motivación y persona

No está de más subrayar de nuevo que la hipótesis de trabajo permanente de Maslow se basa en una evidencia fundamental, o sea, que hay seres humanos que manifiestan de manera excelsa la naturaleza que nos es común a todos:

La prueba de que la gente maravillosa puede existir y realmente existe —incluso en pequeñas proporciones, y con pies de barro— es suficiente para darnos valor, esperanza, fuerza para seguir luchando, fe en nosotros mismos y en nuestras posibilidades de crecer. También la esperanza de la naturaleza humana, no importa cuán sobria sea, debería ayudarnos a desarrollar la fraternidad y la solidaridad [Maslow 1991: xxxii].

2.1.6. Gratificación y permanente insatisfacción

Aunque en la propuesta de Maslow no haya un estudio enfocado a distinguir el placer y la gratificación, su explicación del papel de esta última es bastante claro:

Lo que yo he percibido es que la gratificación de las necesidades conduce solo a una felicidad temporal que, contrariamente, suele ser seguida por otro periodo de mayor descontento. Parece como si la esperanza humana de la eterna felicidad no pudiera nunca cumplirse. Es cierto que la felicidad llega, se consigue y es real. Pero da la impresión de que debemos aceptar su transitoriedad intrínseca, especialmente si nos centramos en sus formas más intensas. Las experiencias supremas no duran, y no pueden durar. La felicidad intensa es episódica, no continua [Maslow 1991: xxii].

Maslow lleva esta consideración a las perspectivas dentro de la vida de cada uno. El hecho de que en algunas sociedades haya mejoras objetivas en las condiciones de vida y la participación ciudadana, no resuelve la paradoja de la insatisfacción permanente:

Es como si no hubiéramos aprendido todavía la eterna lección: que sea lo que fuere por lo que [una persona] suspira, una carrera o cualquiera otra cosa, cuando lo logre el proceso entero volverá a repetirse. Después de un periodo de felicidad, ilusión y satisfacción viene la situación inevitable de darlo todo por seguro y empieza a estar descontenta otra vez y a inquietarse por algo ¡más! [Maslow 1991: xxiv].

La denuncia de Maslow contra la visión de la persona como un eterno inconforme contenedor de satisfacciones apunta a una dirección positiva, es decir, a enfocar los propios recursos en labores constructivas a partir del reconocimiento de lo que ya se ha obtenido:

ser capaz de contar sus beneficios, dar las gracias por ellos, y evitar la trampa de tener que escoger entre esto o aquello. Es posible que una mujer tenga todas las satisfacciones específicamente femeninas (ser amada, tener un hogar, tener un hijo) y después, sin renunciar a ninguna de las satisfacciones conseguidas, seguir más allá de la feminidad hasta la completa humanidad que ya comparte con los hombres, por ejemplo: desarrollo completo de su inteligencia, de cualquier talento que pueda tener, de su propia idiosincrasia o de su propia satisfacción individual [Maslow 1991: xxiv].

2.1.7. El eterno dilema entre Dionisos y Apolo

Para que un adulto sea capaz de transformar su situación en un proyecto constructivo como los de las personas que se autorrealizan, es importante una distinción más elemental: la que se da entre los impulsos y las elecciones conscientes. Mostrar que hay controles deseables que no ponen en peligro la gratificación sino que antes bien la mejoran, permitió a Maslow diferenciar entre el impulso (enfermizo) y la espontaneidad sana, distinción poco aceptada no sólo en la práctica por los jóvenes, sino también “por muchos otros que tienden a pensar en cualquier tipo de control como irremediablemente represivo y malo” [Maslow 1991: xxvii].

Como ya se ha señalado, Maslow reconoce que hay una naturaleza humana, una base común a todos que además es flexible, pues no es indiferente a los influjos del exterior. Es en este contexto donde hay que entender sus ideas sobre el llegar a ser un ser humano: la pertenencia a la especie humana no basta para serlo: “en este sentido un bebé es sólo en potencia un ser humano y debe adquirir su humanidad en la sociedad y la cultura, en la familia” [Maslow 1991: xxvi].

Su argumentación no tiene un objetivo discriminatorio, sino exhortativo. Se podría leer en la perspectiva de la promoción de las condiciones para que todo individuo pueda llegar a ser un ciudadano [Maslow 1991: xxvi-xxvii].

2.1.8. Amor desinteresado

Una idea que fue madurando poco a poco en el pensamiento de Maslow fue la del planteamiento taoísta del amor desinteresado. El psicólogo neoyorquino fue descubriendo —como se ha visto, ya desde finales de los años 30— una veta importante en la perspectiva de la visión amorosa que no condiciona al amado (B-Love), y que puede integrar la visión del espectador no comprometido, que “deja hablar” a los hechos.

La admiración por el ser del otro que proviene de amarlo, puede llevar a apreciarlo sin intentar encorsetarlo:

Hay que amar mucho para poder dejar las cosas a su aire, que existan y que lleguen a realizarse por sí mismas. Se puede amar a un hijo tan puramente que se le permita llegar hacer lo que tiene que ser. Pero —y éste es el punto de mi argumento— se puede amar la verdad de la misma manera. Se puede quererla lo suficiente para confiar también en su llegar a ser [Maslow 1991: xxxiii].

Y análogamente a como se puede esperar con ilusión y sin pensar en constricciones para quien está por nacer,

es posible amar la verdad todavía por llegar, confiar en ella, ser feliz y maravillarse según su naturaleza se revela a sí misma. Se puede creer que la verdad no contaminada, no manipulada, no forzada, no exigida, será más hermosa, más pura, una verdad más verdadera de lo que ella misma hubiera sido si la hubiéramos forzado a conformarse a las expectativas a priori, a las esperanzas, planes o necesidades políticas actuales [...]

La exasperación del celo normativo puede conducir a

distorsionar la verdad por venir por las exigencias a priori, y me temo que algunos científicos hacen esto precisamente. En efecto, renuncian a la ciencia por la política. Pero esto no es en absoluto una necesidad para el científico más taoísta que puede amar la verdad todavía por nacer lo suficiente como para asumir que será para lo mejor, y por esta razón, la dejará ser, precisamente por el bien de su celo normativo.

También creo que cuanto más pura y menos contaminada sea la verdad por los doctrinarios, que deciden de antemano, mejor será para el futuro de la humanidad [Maslow 1991: xxxiv].

Y con una referencia evangélica afirma en la misma página que «esta es una versión científico-humanística del ‘no se haga mi voluntad sino la Tuya’».

2.1.9. Transhumanismo

Maslow no añadió a la segunda edición de Motivation and Personality las cuestiones sociales en las que se fue interesando en los años siguientes a su publicación en 1954. Remite en cambio a otras publicaciones suyas en las que afronta estos temas más generales, y a las de otros especialistas por lo que se refiere a la psicología de las organizaciones.

Las últimas líneas del Prefacio son un apretado resumen del desarrollo de la “tercera fuerza” en psicología, es decir, la humanista, y de las perspectivas que se estaban abriendo en esos años: en poco tiempo algunas teorías y la experimentación sobre fenómenos peculiares estaban abriendo una brecha importante tanto en la ciencia con la mentalidad de la época:

la psicología humanística ha abierto ya las puertas al estudio de todos aquellos fenómenos psicológicos que se puedan llamar trascendentes o transpersonales, cuyos datos estaban excluidos en principio por las limitaciones filosóficas inherentes del conductismo y del freudismo. Entre tales fenómenos no incluyo [solamente] los estados superiores y más positivos de la conciencia y de la personalidad, como por ejemplo, el materialismo trascendente, el ego a flor de piel, actitudes atomistas, fragmentarias, divisivas, adversarias, etc., sino también una concepción de los valores (verdades eternas) como parte de un yo mucho más extenso [...]. Ya es posible empezar a pensar sobre el transhumanismo, una psicología y una filosofía que trascienden a la especie humana misma. Esto está todavía por llegar [Maslow 1991: xxxvi].

2.2. La jerarquía de las motivaciones

El capítulo 2 de Motivation and Personality se titula “Una teoría de la motivación humana” [Maslow 1991: 21-47]. En estas páginas se sintetiza el contenido de ese capítulo.

Maslow introduce el capítulo afirmando que su propuesta, de tipo holístico-dinámica, se inserta en la tradición funcionalista de James y Dewey y se funde con el holismo de Wertheimer, Goldstein, y la Gestalt; con el dinamismo de Freud, Horney, Reich, Jung y Adler. Esta descripción justifica la presentación de la “pirámide” de Maslow.

A partir del apartado 2.2.5 de Motivation and Personality las motivaciones-necesidades se solapan en buena parte con el perfil de las personas que se autorrealizan porque se trata de las motivaciones superiores, o sea, las que activan a los sujetos más perfectos.

2.2.1. Las necesidades fisiológicas

Se trata de las necesidades elementales de alimento, como con la sed y el hambre, y otras, como el reposo —cuyas señales son la fatiga y el sueño—. Maslow afirma que no es posible y no vale la pena descender demasiado a detalles sobre los “componentes” de la homeostasis (elementos fisiológicos para el mantenimiento del cuerpo), porque se acabaría en un análisis excesivamente largo y, por otro lado, cambiante y sujeto a revisiones continuas.

2.2.2. Las necesidades de seguridad

Maslow enumera en este segmento la necesidad de seguridad, estabilidad, el sentimiento de dependencia, protección; la ausencia de miedo, ansiedad y caos; necesidad de una estructura, de orden, de ley y de límites; fuerte protección, etc.

Esto explica la preferencia generalizada por un trabajo estable, tener una cuenta de ahorros, de seguro médico, de desempleo, incapacidad y vejez. En términos más amplios, se trata también de poseer un marco de referencia significativo (científico, religioso, filosófico).

Sobre todo en este segundo nivel, el sujeto puede “vivir para” satisfacer esas necesidades y absolutizarlas, cayendo en situaciones neuróticas.

2.2.3. El amor y el sentido de pertenencia

Para Maslow, las manifestaciones y los sentimientos de afecto tienen mucho que ver con la necesidad de amar y ser amados; de crear una familia, tener amigos y colegas; de reconocerse y ser reconocidos como parte de un colectivo con rasgos comunes. La otra cara de la moneda es el miedo a la soledad, al destierro, al rechazo y al desarraigo. Algunos autores conectan estas tendencias a la evolución del gregarismo, del sentido de los grupos animales.

Maslow subraya que las manifestaciones del amor son complejas y que no se pueden reducir al intercambio físico o a una necesidad fisiológica, además de que no pueden ser unidireccionales: es tan necesario recibir amor como donarlo.

Este nivel de necesidades es el que, en opinión de Maslow y muchos de sus colegas, se encuentra en una situación más precaria en las sociedades materialmente más avanzadas. Además de las dinámicas centrífugas de tales sociedades, pesan también negativamente las imposiciones culturales y educativas.

2.2.4. Las necesidades relacionadas con la estima

Están muy ligadas al sentido clásico del honor. Que los otros y uno mismo tengan una alta consideración de la persona, con una base firme y estable; esto lleva al respeto de sí mismo, a la autoestima, a la confianza en sí mismo, a la valía, la fuerza y la capacidad, a una cierta y bien ganada suficiencia. Esto está asociado al deseo de ser útil y necesario.

Maslow lo divide en dos familias de conceptos. La primera está más ligada a las capacidades reales, y la segunda a la valoración general:

a. deseo de fuerza, logro, adecuación, maestría y competencia, confianza ante el mundo, independencia y libertad.

b. deseo de reputación o prestigio, estatus, fama, gloria, dominación, reconocimiento, atención, importancia, dignidad, aprecio.

Para que estas evaluaciones sean fructíferas deben basarse menos en la consideración externa que en la capacidad real, en la competencia y la adecuación a la actividad. Debe ser un respeto merecido. Véase el parágrafo sobre la autosuficiencia, en el apartado siguiente.

2.2.5. Inconformismo

Es una especie de descontento e inquietud frecuentes tras haber cubierto los niveles anteriores, salvo al ejercer la tarea más propia de cada una o de cada uno: el músico mientras crea o interpreta su música, el poeta mientras compone o recita. Conjugan lo que pueden ser con lo que deben ser, y son más auténticos con su propia naturaleza, como se explica en los capítulos 11 y 13 de Motivation and Personality.

En el nivel más alto vuelve a haber una indeterminación, aunque de muy diverso tipo al de las necesidades más elementales. Ahora se trata de la amplitud de elecciones posibles, como querer ser un padre excelente, una estrella del atletismo, un gran pintor o inventor. En este sentido, las actividades relacionadas con la creatividad pueden ser compensatorias, es decir, que pueden llevar a ignorar o a minimizar carencias más elementales.

2.2.6. Precondiciones de las necesidades básicas

En este apartado, Maslow considera algunos requisitos para el crecimiento de la persona, como la libertad de hablar, libertad de hacer lo que uno desea, de expresión, de investigación, de defenderse, de justicia, equidad, honestidad y de organizar disciplinadamente grupos de trabajo.

2.2.7. Necesidades cognitivas básicas

Maslow cuenta la curiosidad, necesidad de conocer y entender como necesidades originarias, y subraya su carácter volitivo: hay verdadero deseo de conocimiento. Hay varias actividades que se relacionan con esto, a saber, el deseo de entender, de sistematizar, de organizar, analizar y buscar relaciones y significados, construir un sistema de valores. Para un estudio detenido de estas tendencias remite a Toward a Psychology of Being, de 1968.

2.2.8. Necesidades estéticas

El psicólogo neoyorquino considera dentro de estos deseos positivos el anhelo activo por la contemplación de la belleza (p. ej. del entorno, del paisaje), y el descontento por la fealdad. La preferencia por la belleza natural coincide con la necesidad de armonía en el ámbito cognoscitivo, citado en el parágrafo anterior (orden, simetría, sistema, estructura, llevar a término una actividad).

2.2.9. Excepciones a la jerarquía

Maslow introduce algunas observaciones que evitan una consideración cerrada de la jerarquía de las necesidades con algunos ejemplos. Para algunas personas:

a. es más impelente la autoestima que el amor;

b. el impulso a la creatividad se pone por encima de determinantes contrarios y se persigue incluso a pesar de la insatisfacción de alguna necesidad más básica;

c. algunos se estacionan en la satisfacción de las necesidades elementales;

d. otros infravaloran alguna de las necesidades por haberla tenido cubierta por largo tiempo.

Parece que la gran tolerancia a la frustración por parte de quienes persiguen grandes ideales, se debe a una intensa y tempestiva satisfacción de las necesidades básicas, aunque en algunos casos parece deberse a la habituación a las privaciones.

Son precisamente los que han amado y han sido amados y han tenido muchas amistades profundas, los que pueden resistir el odio, el rechazo o la persecución [...] La persona que se ha hecho segura y fuerte en los primeros años tiende a permanecer segura y fuerte después ante cualquier tipo de amenaza [Maslow 1991: 40-41].

Esto da lugar a la autonomía funcional, es decir, a una configuración del carácter gracias a la cual el individuo está por encima de sus necesidades y puede soportar muchas carencias.

2.3. Las personas que se autorrealizan

Es emblemático el capítulo 11 de Motivation and Personality (“Las personas autorrealizadas: estudio de la salud mental”), y muy útil para entender el perfil completo de las personas psicológicamente más sanas, dentro de la propuesta de Maslow. Se procede aquí como se ha hecho con el capítulo 2 de esa misma obra, es decir, mencionando en orden las nociones más importantes [Maslow 1991: 193-231). Casi todas las comparaciones (“mejor”, “más agudo”) se refieren a la media de los adultos de condiciones similares.

2.3.1. Una mejor percepción de la realidad

Las personas que se autorrealizan tienen una rara habilidad para detectar lo falso y lo deshonesto de la personalidad y, en general, para juzgar a las personas correcta y eficazmente. Entre otras cosas, también distinguen mejor los fines de los medios, aunque son capaces de transformar en fuentes de gozo las situaciones que median entre otras más importantes, como un viaje o la preparación de una actividad relevante.

2.3.2. Aceptación de sí mismas

Se trata de la ausencia de una vergüenza paralizadora y de ansiedad grave o extrema. Consideran sus fragilidades, sus pecados, sus debilidades y los males de esencia humana con el mismo espíritu incuestionable con que uno acepta las características de la naturaleza. Es una serenidad general que no coincide con la mera resignación, pues estas personas se sienten culpables por defectos mejorables, defectos perseverantes de salud mental, algunos hábitos fuertes, límites de su entorno cultural o social. Es decir, se sienten mal por la discrepancia entre lo que es y lo que muy bien podría ser.

2.3.3. Espontaneidad

Las personas que se autorrealizan no sólo actúan con naturalidad y sencillez, sino que esa espontaneidad se manifiesta también en su vida interior (pensamientos, impulsos, etc). La falta de artificialidad de sus actitudes y el rechazo de muchos convencionalismos se conjuga con el respeto a los demás y la distinción entre lo necesario y lo superfluo de las costumbres de la vida social.

Las tres características enumeradas hasta ahora suponen que estas personas tienen una conciencia más fina de sus propios impulsos, deseos, opiniones y reacciones subjetivas en general. Esto lleva a pensar que la vida motivacional de las personas que se autorrealizan es diferente de la de las demás, no sólo desde el punto de vista cuantitativo, sino también cualitativo. Para ellas la motivación no supone un mero movimiento para conseguir cosas o situaciones (motivación por deficiencia), sino un dinamismo de perfección, un crecimiento o desarrollo permanente (metamotivación, motivación por crecimiento).

2.3.4. Se centran en los problemas (son problem centered)

Suele ocurrir que estas personas tienen un sentido de misión, y por lo tanto piensan poco en sí mismas y se concentran en lo que consideran que deben hacer. Esta actitud las lleva a centrarse precisamente en las cosas por hacer y a no ponerse a sí mismas en primer plano. El hecho de enfocarse en las tareas normalmente coincide con dar importancia a las cosas que lo ameritan, a tener un horizonte más amplio, sub specie aeternitatis; rebosan serenidad y gracias a su falta de preocupación por lo poco importante, hacen la vida más fácil tanto a ellas mismas como a las demás.

2.3.5. Distanciamiento

Este equilibrio coincide también con estar por encima de muchas situaciones transitorias, ser reservados y capaces de distanciarse y mantener la presencia de ánimo en situaciones de tensión. Por esto mismo desdramatizan fácilmente y mantienen la dignidad en circunstancias comprometidas. Además, coinciden en tener una cierta necesidad de aislarse más o menos regularmente para estar a solas consigo mismos y pensar pausadamente sobre sus fines y actividades.

2.3.6. Autonomía, autosuficiencia

La oportuna satisfacción de las necesidades básicas hace que estas personas sean más independientes, es decir, que para desarrollarse cuenten más con sus fuerzas y su situación interna que con los estímulos u obstáculos externos. Los honores, el estatus, la popularidad, el prestigio son menos importantes para ellas que el propio desarrollo. Esto tiene mucho que ver con la autoestima, descrita en el apartado de esta voz 2.2.4.

2.3.7. Apreciación precisa de la realidad

Estas personas son capaces de apreciar una y otra vez, con frescura e ingenuidad, los bienes básicos de la vida, con emoción, placer, asombro e incluso éxtasis. La apreciación de la belleza es muy variada: puede consistir tanto en la contemplación de la belleza del propio cónyuge a pesar del paso de los años, como en la de un bebé, o maravillarse ante los espectáculos de la naturaleza.

2.3.8. Experiencias cumbre

A lo largo del trabajo se ha hecho bastante referencia a este tipo de experiencias, que tienen mucho que ver con esa especie de mística no sobrenatural ya descrita, y con la capacidad de percibir la belleza.

2.3.9. Afinidad humana

Estas personas tienen un profundo sentido de identificación, simpatía y cariño por los seres humanos en general. Tienden a sentirse parte de una sola familia. Pero esa atracción por sus semejantes los hace también hipersensibles a los defectos de las personas de tipo medio, lo cual las lleva a exasperarse o entristecerse por carencias frecuentes y consideradas normales por la mayoría.

2.3.10. Humildes y respetuosas: “democráticas”

Es tal la sencillez con la que se relacionan con cualquier otro ser humano, que parecen estar por encima de las diferencias culturales, raciales, políticas, etcétera. También consideran que pueden aprender de cualquier otra persona, y son conscientes de lo poco que saben en comparación con lo que otros saben o podrían saber. En sus relaciones estables, sin embargo, siendo ellas mismas una élite, eligen por amigos a una élite, pero se trata de una selección basada en el carácter, la capacidad y el talento, y no en la extracción social, la raza, la fama o el poder. Su facilidad para tratar con los demás no está reñida con la fortaleza para resistir a situaciones injustas y oponerse a quien actúa con malicia. Distinguen con mayor facilidad lo bueno de lo malo y son mucho menos ambiguas, confusas o débiles con su propia ira que la media de las personas.

2.3.11. Relaciones interpersonales

Las personas que se autorrealizan tienen relaciones más hondas y profundas que los demás adultos. Aman más intensamente, conectan mejor con los problemas de los demás y son más capaces de eliminar las fronteras del ego de lo que otros considerarían posible.

2.3.12. Estándares éticos y valores definidos

En la descripción de las características anteriores se ha tratado de la capacidad de distinguir el bien del mal de las personas que se autorrealizan. Esto coincide con una vida más ordenada, menos confusa, guiada por decisiones atinadas. Si tienen bases religiosas, éstas se perfilan sólo en términos de comportamiento social, y en la práctica este rasgo se da también en los ateos.

Su carácter tolerante, asociado a muchos otros de los rasgos ya estudiados, da como resultado una baja frecuencia de conflictos tanto en las elecciones personales como en el trato con los demás. Más que de una acumulación de principios, funciona como una actitud general que facilita mucho la mayoría de las relaciones. Esta tolerancia “pagana” hace que sean mucho más sencillas las relaciones sociales entre personas de distintos grupos religiosos, entre los sexos, en los grupos de trabajo, etc.

2.3.13. Sentido del humor

Estas personas no disfrutan con lo que disfruta el común de la gente. Por ejemplo, no celebran el humor hostil o de superioridad o de rebelión a la autoridad, a la sal gruesa. Saben en cambio bromear para reírse de los seres humanos en general o de sí mismas, pero sin masoquismo ni bufonadas, evitando también la burla y el sarcasmo.

2.3.14. Creatividad

Las personas que se autorrealizan, como se explica detenidamente en el capítulo 13 de Motivation and Personality, ejercitan una originalidad o inventiva peculiar, distinta de la de los grandes genios. Son inventivos con una inventiva ingenua similar a la de los niños, una originalidad innata y común que al parecer se pierde con el trato social. Esto conecta con la característica siguiente, la resistencia a la inculturación.

2.3.15. Resistencia a la inculturación

La autonomía se nota en una resistencia a ser absorbidos en los patrones de las costumbres de su medio. Aunque se adaptan en el aspecto externo y respetan los códigos de comportamiento (p. ej. las normas del tráfico), no son realmente moldeados por estos cánones: no buscan andar a la moda, no son intolerantes con las usanzas porque están por encima de lo que no es realmente importante; no defienden a ultranza los rasgos de su propia cultura porque consideran más importante la pertenencia al género humano.

2.3.16. Imperfecciones

Como ya se ha apuntado los altos niveles de exigencia de las personas que se autorrealizan, así como su fortaleza de ánimo, las llevan con cierta frecuencia a juzgar y a reaccionar con una claridad y energía que llegan a resultar chocantes. Pueden ser aburridos, testarudos, irritantes; también llegan a manifestar rasgos de vanidad superficial y orgullo, así como parcialidad por sus allegados. La rapidez con la que se recuperan tras la pérdida del ser querido puede dar una impresión de frialdad o de falta de corazón. Quizá reaccionan airadamente cuando están embebidos en una actividad importante y son solicitados por propuestas gratificantes de menor valía.

Por otro lado, su profunda participación en el sufrimiento de los demás las puede llevar a cometer errores, como casarse por compasión, implicarse excesivamente con personas neuróticas, aburridas o desgraciadas y luego lamentarlo. Por otro lado, sus conflictos internos, motivos de tristeza etc. están dentro de los márgenes de la normalidad.

2.3.17. Solución de dicotomías

Los rasgos ligados a la percepción pacífica de la realidad, ayudan a estas personas a evitar posiciones polarizadas, dicotómicas y antagónicas, como las clásicas oposiciones razón vs. corazón o instinto, deber vs. placer, místico vs. activo. Estas personas armonizan tales opuestos en sus valoraciones y actividades. En resumen, la relación entre deseos y razón en estas personas se rige con el “ama y haz lo que quieras” agustiniano.

2.4. Indicaciones para una valoración general

La propuesta de Maslow es amplia y compleja en su aparente simplicidad. Una evaluación completa de los aspectos psicológicos requeriría una larga discusión que no se entablará aquí. En cualquier caso, es importante reconocer la gran influencia que sigue teniendo su modo de orientar la psicología y otras ciencias sociales, así como lecturas de divulgación y de la llamada “autoayuda”.

Dada la inclusión de elementos filosóficos importantes, que van desde la formulación del sentido de la vida, la felicidad y la trascendencia hasta la disciplina en la educación, resulta útil elaborar algunas observaciones desde el punto de vista del pensamiento clásico. Ya se han hecho notar los descubrimientos del orden y el signifcado de la vida y de los organismos madurados por psicólogos europeos, provenientes de una tradición filosófica sólida (Wertheimer, Koffka, Goldstein), y cómo influyeron en el pensamiento de Maslow.

Por lo que se refiere a un positiva ampliación del horizonte de la psicología, se han mencionado los influjos del existencialismo; su defensa de la naturaleza humana, común a todos los seres humanos, si se permite la redundancia; jerarquizar las necesidades propugnando el fomento de las más elevadas; las matizaciones sobre la gratificación y el placer y su papel en la vida humana.

Es sin duda una gran contribución a la historia del pensamiento la inclusión de la creatividad y de la autonomía como un enriquecimiento de la libertad. Sorprende también que un psicólogo experimental haya conectado con lo que los filósofos medievales llamaban los trascendentales del ser —verdad, bondad, belleza—. Esto significa intentar dar un lugar en la ciencia contemporánea a cualidades que, por decirlo de alguna manera, relucen al contemplar la composición y la actividad de los seres más perfectos.

En este trabajo se ha mencionado, sin sopesarlo, el influjo de algunas nociones provenientes de otras tradiciones, como el Tao, y plantear una comparación con el pensamiento clásico. Llama la atención que Maslow no haya descubierto ni siquiera a nivel teórico algunos de estos elementos en el pensamiento judeocristiano, por mucho que se considere su atormentada relación con la religión de sus antepasados.

Es difícil valorar la experimentación de vanguardia con el uso de drogas, los estados alterados de conciencia, etc. Parece sin embargo que en los estudios más serios se han ido dejando de lado y que la herencia más fructífera de la psicología humanística sigue estando en el estudio y la promoción de las actitudes positivas del carácter.

Vale la pena volver brevemente sobre la idea de la trascendencia y la autotrascendencia, tema caro a los filósofos existencialistas y a no pocos psicólogos y psiquiatras a partir de los años 40 del siglo pasado, como Viktor Frankl. El sentido de la propia actividad no se explica como algo cerrado en sí mismo, sino como una parte integrante de un proyecto superior. Este proyecto se refiere a la propia vida, y de manera más o menos explícita a las demás personas con las que se lleva a cabo ese plan: socios, colegas, la propia familia, la sociedad. Esto supone ya un horizonte trascendente para las propias acciones, y el reconocimiento de que la actividad singular siempre está situada en un plexo de relaciones. Sin duda alguna este es un enriquecimiento claro para los estudios psicológicos y sus consecuencias en los proyectos educativos.

Lo que se apunta en las últimas líneas del prefacio a la segunda edición de Motivation and Personality es de un orden distinto. La idea de una especie humana que progresa perfeccionándose a sí misma, carece de confines definidos, y no parece tarea de la psicología determinar cuáles pueden ser esos horizontes. Se entra en un terreno de figuración en el que las bases científicas y experimentales son muy fragmentarias y probablemente esa indeterminación sea uno de los elementos más fascinantes de tales manifiestos.

Este transhumanismo sería la relación de las propias actividades como contribución en la misión de la especie. Para Aristóteles la existencia de los seres meramente biológicos tenía razón de ser sólo en la especie, cuya conservación es el resultado del anhelo de permanencia de todos los seres. Los humanos sin embargo resultan atípicos, pues es muy fuerte la aspiración a la permanencia individual, lo cual no se explica si todo termina con la continuidad de la especie. Los seres racionales tienen necesidad de absoluto, de eternidad. Aristóteles podría decir con Maslow que esta es la aspiración o motivación más alta. El Estagirita enuncia esta exigencia sin resolver el dilema de la temporalidad contra el deseo de eternidad. En la tradición judeocristiana tal dilema se resuelve con la armonización de las aspiraciones personales y la invitación de un Creador para participar de su vida después de los eventos temporales. En esta perspectiva se explica la continuidad requerida por la identidad personal y la exigencia de una situación distinta en la que el ejercicio de las potencialidades sea permanente y más perfecta. Las versiones extremas del transhumanismo, más o menos ligadas a nociones evolucionistas, asumen esa trascendencia sobrenatural en una posición completamente naturalista, sin dar razón del anhelo personal de eternidad [Aristóteles, Opera, 1166a20-26; Pieper 1974: 126]. La visión agnóstica de Martin Seligman coincide grosso modo con la de Maslow, aunque se plantee la cuestión de la individualidad [Seligman 2003: 8; 206 y cap. conclusivo].

Para Maslow, la persona que se autorrealiza puede afrontar con serenidad al fin de la propia vida, sin pedir nada más, como parece que él mismo hizo. Su propuesta psicológica no solamente no da una respuesta a ese deseo de permanencia personal —la cuestión va más allá del horizonte de esta disciplina— sino que la excluye completamente.

3. Bibliografía

3.1. Obras de Maslow

Se recogen aquí solamente los títulos de sus libros. Una lista completa de sus artículos se puede consultar en la biografía de Hoffman, en el artículo “Abraham H. Maslow: a Bibliography”, del Journal of Humanistic Psychology, oct. 1970, vol. 10 no. 2, pp. 98-110; y los sitios web

http://www.maslow.org/sub/m_bib.htm (mayo de 2016)

http://www.maslow.com (agosto de 2016; recoge además las referencias a abundante material audiovisual).

Principles of Abnormal Psychology: The Dynamics of Psychic Illness, con Bela Mittelmann, Harper and Brothers, Nueva York 1941.

Motivation and Personality, Harper & Row, Nueva York 1954, 19702, 19873. (Motivación y personalidad, Díaz de Santos, S.A., Madrid 1991, trad. de Caridad Clemente. El texto en lengua española se basa en la tercera edición del original inglés).

New Knowledge in Human Values (ed.), Harper & Row, Nueva York 1959.

Religions, Values, and Peak Experiences, Ohio State University Press, Columbus (Ohio) 1964.

Eupsychian Management: a Journal, Irwin-Dorsey, Homewood (Ill.) 1965; publicado posteriormente como Maslow on Management, John Wiley, New York 1998 (entrevistas añadidas por Deborah Stephens y Gray Hail) (El management según Maslow: una visión humanista para la empresa de hoy, Paidós, Barcelona 2005).

The Psychology of Science: A Reconnaissance, Harper & Row, Nueva York 1966; Maurice Bassett, Chapel Hill 2002. (La psicología de la ciencia, EDAMEX, Ciudad de México 1979).

Toward a Psychology of Being, D. Van Nostrand Co.; Princeton (N.J.) 1962, 19682. (El hombre autorrealizado: hacia una psicología del ser, Kairós, Barcelona 1973).

The Farther Reaches of Human Nature, Viking Press, Nueva York 1971. (La personalidad creadora, Kairós, Barcelona 1983).

The Journals of A.H. Maslow, Richard Lowry (ed.), Brooks/Cole, Monterey (CA) 1979.

Future Visions: The Unpublished Papers of Abraham Maslow, E.L. Hoffman (ed.) Sage Publications, Thousand Oaks 1996.

The Maslow Business Reader, Deborah Stephens (ed.), Wiley, New York 2000.

3.2. Obras citadas

Frick, W. B., Humanistic Psychology: Interviews with Maslow, Murphy, and Rogers, Charles E. Merrill, Columbus (Ohio) 1971 (Psicología humanística: entrevistas con Maslow, Murphy y Rogers, Guadalupe, Buenos Aires 1973).

Hoffman, E., Abraham Maslow. Vida y enseñanzas del creador de la psicología humanista, Kairós, Barcelona 2009 (The Right to Be Human. A Biography of Abraham Maslow, J.P. Tarcher, Los Angeles 1988)

Maslow, A. H. – Mittelmann, B., Principles of Abnormal Psychology. The Dynamics of Psychic Illness, Harper and Brothers, New York 1941.

Maslow, A. H., Higher and Lower Needs «The Journal of Psychology» 25/2 (1948), pp. 433–36, doi:10.1080/00223980.1948.9917386.

Maslow, A. H., Motivación y personalidad, Díaz de Santos, S.A., Madrid 1991, trad. de Caridad Clemente (El texto en lengua española se basa en la tercera edición del original inglés).

Pieper, J. Sull’amore, Morcelliana, Brescia 1974.

Seligman, M. E. P., Authentic Happiness : Using the New Positive Psychology to Realize Your Potential for Lasting Fulfillment, N. Brealey, London 2003

Además de las obras citadas, es de interés Frank Goble, The Third Force: The Psychology of Abraham Maslow, Maurice Bassett Publishing, Chapel Hill (NC) 2004.


Notas

[1] Especialista de psicología comparada. En los primeros años del siglo XX trabajó con John Watson. Antes de publicar The Great Apes, en 1928, había publicado The Dancing Mouse (1907) y Almost Human (1925), entre otros. Sus ideas y metodología tuvieron gran influencia no sólo en la descripción del comportamiento de los primates, sino que se extendió a programas de evaluación de habilidades mentales de los seres humanos.

[2] Sobre ese programa de investigación, la fructífera relación con Thorndike, y sus primeros estudios sobre la sexualidad humana [Hoffman 2009: 91-109 (67-85)].

[3] El capítulo 6 —“En el epicentro del universo psicológico” [111-137 (96-110)]— de la biografía de Hoffman es particularmente importante para entender la apertura que se dio en las décadas siguientes en la psicología estadounidense. Allí presenta de manera eficaz los perfiles intelectuales de los distintos autores. Aquí se resumen los puntos más significativos y se integran algunas informaciones cronológicas.

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Mercado Montes, Juan Andrés, Abraham Harold Maslow, en Fernández Labastida, Francisco – Mercado, Juan Andrés (editores), Philosophica: Enciclopedia filosófica on line, URL: http://www.philosophica.info/archivo/2017/voces/maslow/Maslow.html

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